Categoría Pixelart Creativos

Boda pasada por agua

Boda pasada por agua

Boda pasada por agua

Gorka y Aitor no lo sabían. Y yo aún albergaba esperanzas de que lorenzo fuese a aparecer en algún momento. Pero no. Todos ignorábamos que, el día tan especial de esta pareja, fuese a ser una boda pasada por agua. Secretamente, a mí como fotógrafo, me flipan los días nublados y si además contamos con que el equipo de las Bodegas de Otazu tenía todo controlado, (como grandes profesionales que son siempre tienen un plan a, b, c, d… Y así hasta la Z o hasta que llegue un tsunami en alguna de sus bodas) tan sólo debía preocuparme de disfrutar captando la manera tan bonita en la que Aitor y Gorka se miman.

Y así fue. Desde el primer momento que nos conocimos en la entrevista me transmitieron cierta ternura tímida. Ellos no van gritándole al mundo lo orgullosos que están de quererse, por la sencilla razón de que no lo necesitan. Si sus dedos se rozan, el mundo entero explota en confeti y cuando se miran, hasta el tiempo se gira para deleitarse.

Hay tantas maneras de quererse en esta vida que acotarlo todo a una no tiene ningún sentido. Hay amores fugaces que cuando te tocan, destrozan todo aquello sobre lo que te has asentado y tan pronto lo han conseguido, desaparecen. Otros que llegan como el chirimiri en verano, y te empapan entero sin que apenas te des cuenta. También he escuchado hablar de los amores cohete, que prenden tan rápido como se estrellan.

Yo sin duda alguna, me quedo con los que simplemente son reales, sin decoros ni grandes homenajes, los que te rozan y te erizan entero. Como el de Gorka y Aitor.

Ojalá todos los días nublados se os llenen de recuerdos repletos de pieles erizadas y confetis de mil colores.

¡Feliz vida bonitos!Boda pasada por agua Boda pasada por agua Boda pasada por agua Boda pasada por agua Boda pasada por agua Boda pasada por agua Boda pasada por agua Boda pasada por agua Boda pasada por agua Boda pasada por agua Boda pasada por agua Boda pasada por agua Boda pasada por agua Boda pasada por agua Boda pasada por agua Boda pasada por agua Boda pasada por agua Boda pasada por agua Boda pasada por agua Boda pasada por agua Boda pasada por agua Boda pasada por agua Boda pasada por agua Boda pasada por agua

Diez años como fotógrafo de bodas

Diez años como fotógrafo de boda

 

Una década llevo dedicándome a la fotografía de bodas. Diez años como fotógrafo de bodas. Dos palabras que se pronuncian en un segundo pero que están cargadas de tantas historias que sería imposible contarlas todas. Cuando comencé, no imaginaba que pulsar un botón me iba a traer algunas de las mejores experiencias profesionales de mi vida. Es genial saber que me dedico a captar los momentos más bonitos de las vidas de otras personas. “Cuando alguien es feliz, allí estoy yo”, suelo decir. Y qué fortuna, ¿verdad?

A través de mi lente me he colado en otras vidas y las he espiado con ternura. He visto a padres emocionarse de tal manera que aún se me encharcan un poco las pupilas si lo pienso mucho, a madres abrazar a sus hijos con tanta ternura y amor que no puedo evitar sonreír al recordarlo, a parejas decirse que sí, para siempre y de verdad. He fotografiado miradas que gritaban te quieros, manos que se entrelazaban sin querer separarse jamás, amigos que sabes que se tirarían de cualquier puente con tal de no dejarte saltar solo, sorpresas inesperadas, cartas de amor tan sencillas como auténticas…

A todas mis parejas sólo puedo darles las gracias. Por confiar en mí, por permitirme ser testigo de tantas emociones dispares, y sobre todo, por regalarme un trozo de su intimidad y mostrarse tal como son.

Siempre digo que lo mejor de las bodas no son ni el vestido, ni los detalles, ni la comida, ni la música, ni la ceremonia, ni los discursos, ni el coche, ni siquiera la barra libre. Lo mejor son las personas. Tus personas. Tu familia: la elegida y la que te dio la vida. Quédate con eso y con el fotógrafo para que lo retrate todo, por supuesto.

Feliz 2020 parejas, familias e invitados. Gracias por tantas emociones.

PD: La voz y el texto no son míos, son de mi compi Remys Door. Una gozada crear junto a ella.

Boda motera en Señorío de Beráiz

Fotos boda motera en Señorío de Beráiz

Fotos boda motera en Señorío de Beráiz

Marta & Sebas

Boda motera en Señorío de Beráiz

Todo comenzó con el rugido de un motor. Bueno, en realidad fue más sencillo que eso pero, ¿a que le ha dado un toque inusual y dramático a la introducción de la boda motera en Señorío de Beráiz? Bueno, pues de dramático tuvo poco esta boda motera porque todo fueron risas, jolgorio y abrazos.

Sobre todo por parte de la abuela que tenía tanta marcha y energía que los “cierrabares” míticos deberían ponerle un altar y venerarla. En serio, qué gozada de mujer, yo de mayor quiero ser como ella. Y de joven también oigan. En el reportaje sale haciendo una mueca cuando los novios, Marta y Sebas, le dan un regalo. Buscadla, ¡que merece la pena!

Respecto a la boda en sí, todo fluyó como lo hacen las cosas bonitas: sin esfuerzo, ni presión. El novio llegó al Señorío de Beráiz haciendo rugir su moto y las de todos sus camaradas que le acompañaron. Entre ellos, su padre. Me encantó ver cómo más de una veintena de motos, subían la colina haciendo vibrar la carretera. Cuando estás arropado por un montón de personas a las que quieres y con quienes estás en sintonía, se genera una energía súper bonita en el ambiente.

De ahí que a Sebas no le faltó la sonrisa ni un minuto, estaba radiante. De todas formas, no me extraña, porque Marta iba espectacular. Menuda pareja tuve la suerte de congelar. Ya les gustaría a las revistas del corazón contar con semejantes novios en sus páginas.

Ojalá que cuando vean mis fotos, un torbellino de emociones vuelva a hacerles vibrar por dentro. Como lo hicieron las motos al llegar. Porque eso es lo mejor de la fotografía: que vuelves a vivir dos veces. O más. Todas las que quieras.

 

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Reportaje de boda en Jaca

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Una llamada de Remy bastó para que el 27 de julio tuviese una boda en Jaca. Remy fue mi segunda fotógrafa una temporada entera de bodas. Durante aquellos meses, como suele ocurrir en la guerra también, creamos un vínculo muy potente. De vez en cuando nos llamamos para criticar nuestras fotos, y también para animarnos cuando la vida del autónomo se nos aturulla en exceso. Así que cuando decidió que quería que yo fotografiase la boda de su hermano en Jaca me entraron unas ganas locas de que llegase la fecha. Había escuchado hablar tanto de su familia que por fin, tenerla toda ante mis ojos y ante mi cámara, me hacía especial ilusión.

Por fin llegó el día en el que David y Ainhoa iban a celebrar su boda en la Catedral de Jaca. Además, no llovió. Ni una sóla gota. Y eso que los días anteriores, todos los pronósticos del tiempo parecían haberse puesto de acuerdo en aguarnos la fiesta. Así que ella, la novia, pudo llegar a la plaza a caballo. Mientras, el novio, vestido con un traje militar que le habían prestado y que no le cerraba bien el pantalón -hay fotos que lo demuestran, pero hoy no las enseñaré-, la esperaba con un whisky recién aterrizado en su estómago para aplacar los nervios.

A partir de ahí, todo ocurrió muy rápido. Dicen que cuando te mueres, ves pasar los mejores momentos de tu vida a cámara lenta, y yo temo que después de haber retratado más de 300 bodas, el día que el corazón deje de latirme, vea los mejores recuerdos de otras vidas que nada tienen que ver con la mía. Pero como no tengo mucho que hacer al respecto, voy a seguir coleccionando besos y abrazos a través de mi cámara.

A lo que iba, todo fue tan divertido que no sé con qué anécdota quedarme, si con la de que al padre del novio le regalaron la espalda de Gladiator y se puso a blandirla en medio del banquete y yo recé -aunque soy ateo- para que no matase a ningún invitado, o con el éxito que tuvo entre las invitadas el cura que los casó y que luego vino al banquete porque era el hermano del novio.

Todo fue un show, pero uno de esos de los que te gusta ser parte porque no se repiten mucho. Como el cometa Halley.

Creo que el vídeo que hicimos en equipo Remy y yo (ella puso la voz y yo la paciencia y las imágenes), demuestra lo especial y fugaz que fue ver a David y a Ainhoa darse el sí quiero. Ojalá disfrutéis de este cometa. Ahora habrá que esperar 75 años más para que veamos otro 😉

 

Boda en las Bodegas de Otazu

En las Bodegas de Otazu se para el tiempo. ¿No os ha pasado nunca que llegáis a un lugar y una parte de vosotros no quiere marcharse nunca? Quizás por eso Cristina y Javier decidieron celebrar su boda en las Bodegas de Otazu. Pero antes de sonreír y festejar, se dieron el “Sí quiero” en el Monasterio de Irantzu. Todo fue muy elegante, sencillo y tremendamente bonito. Como ellos.

Es curioso, cada persona se describe tremendamente bien en actos cotidianos que nada tienen de extraordinarios. Se sabe lo paciente que es alguien, observándole conducir, lo sociable por la manera en la que le habla al camarero, su agilidad, por cómo camina, su carácter por cómo reacciona ante los reveses de la vida. Todo tiene una razón de ser y como bien dice Maruja Torres en uno de sus libros: “Nada es lo que parece y todo es mucho más de lo que parece“.

Muchas veces nos dejamos llevar por el primer impacto y nos olvidamos de olfatear más allá y encontrar la razón de ser. Por ejemplo, si os paráis a ver cómo luce Cristina su vestido por las Bodegas de Otazu en las fotos de boda, la mayoría pensaremos “qué preciosa va con ese vestido tan increíble”, pero pocos seríamos los que investigando, nos enteraríamos de que ese vestido lo ha confeccionado la propia novia con la ayuda de Valenzuela Atelier. Ocho meses les ha llevado crear esta obra de arte.

El amor debería ser como confeccionar un vestido: buscar la tela que mejor se adecúe al tacto de tu piel y a tu cuerpo, evitar que se arrugue, mimarla y guardarla allá donde las humedades no lleguen. Luego, trazar un plan que contenga todos los pros y contras posibles de trabajar con esa tela. Definir la estrategia y empezar a cortar. Todo con amor. Incluso cuando se mete la aguja y se desgarra la tela, que se haga con amor. Y después de muchas puntadas de hilos y botones, todo coge forma y donde sólo veíamos un trozo de tela maltrecha, ahora existe una verdadera historia de amor.

Ojalá aprendamos a coser tan bonito como lo hicieron Cristina y Javier al decirse que sí. Para siempre.