Boda motera en Señorío de Beráiz

Boda motera en Señorío de Beráiz

Boda motera en Señorío de Beráiz

Marta & Sebas

Boda motera en Señorío de Beráiz

Todo comenzó con el rugido de un motor. Bueno, en realidad fue más sencillo que eso pero, ¿a que le ha dado un toque inusual y dramático a la introducción de la boda motera en Señorío de Beráiz? Bueno, pues de dramático tuvo poco esta boda motera porque todo fueron risas, jolgorio y abrazos.

Sobre todo por parte de la abuela que tenía tanta marcha y energía que los “cierrabares” míticos deberían ponerle un altar y venerarla. En serio, qué gozada de mujer, yo de mayor quiero ser como ella. Y de joven también oigan. En el reportaje sale haciendo una mueca cuando los novios, Marta y Sebas, le dan un regalo. Buscadla, ¡que merece la pena!

Respecto a la boda en sí, todo fluyó como lo hacen las cosas bonitas: sin esfuerzo, ni presión. El novio llegó al Señorío de Beráiz haciendo rugir su moto y las de todos sus camaradas que le acompañaron. Entre ellos, su padre. Me encantó ver cómo más de una veintena de motos, subían la colina haciendo vibrar la carretera. Cuando estás arropado por un montón de personas a las que quieres y con quienes estás en sintonía, se genera una energía súper bonita en el ambiente.

De ahí que a Sebas no le faltó la sonrisa ni un minuto, estaba radiante. De todas formas, no me extraña, porque Marta iba espectacular. Menuda pareja tuve la suerte de congelar. Ya les gustaría a las revistas del corazón contar con semejantes novios en sus páginas.

Ojalá que cuando vean mis fotos, un torbellino de emociones vuelva a hacerles vibrar por dentro. Como lo hicieron las motos al llegar. Porque eso es lo mejor de la fotografía: que vuelves a vivir dos veces. O más. Todas las que quieras.

 

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Boda en Monasterio de Iranzu

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BODA EN MONASTERIO DE IRANZU

– EDU Y ALBA –

Boda en Monasterio de Iranzu.

Uno nunca se va cuando lo que más quiere sigue aquí. Uno nunca se va, aunque ya no esté. Siempre hay recuerdos que lo traen de vuelta, sueños en los que se cuela y estrellas fugaces con las que saluda a quienes aún se atreven a buscarle en el cielo. Las personas que se van de este mundo tienen una mirilla por la que de vez en cuando, nos observan para alegrarse con nosotros, nos apoyan si lo necesitamos y nos impulsan cuando ya no nos quedan ganas de alzar el vuelo.

Edu y Alba lo sabían aquel sábado que se dieron el “sí quiero” en el Monasterio de Iranzu y luego celebraron el enlace en las Bodegas de Otazu. Hay pequeños detalles que mantienen junto a nosotros a quien pululea por otras galaxias. En este caso, fue Edu quien le quiso regalar a Alba y a su familia, este vídeo. Así, les recordó que él sigue aquí, abrazando a su hija cada vez que ella lo necesita y emocionándose mientras la ve caminar tan increíblemente hermosa, hacia el altar.

Porque quizás haya casualidades que simplemente son eso, coincidencias mundanas. Pero luego están las casualidades que forjan, como bien cuenta el vídeo, el destino. Y qué agradecidos debemos estar por ello. Me gusta imaginar que las casualidades son niños revoltosos que nos agarran de la mano y nos llevan al lugar exacto donde tenemos que estar en ese preciso instante.

Como cuando Alba le dijo que sí, para siempre y a Edu le vibraban las pupilas ante tanta felicidad.

“Porque las casualidades y el azar van a marcar nuestro destino, lo queramos o no”:

 

Reportaje de boda en Jaca

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Una llamada de Remy bastó para que el 27 de julio tuviese una boda en Jaca. Remy fue mi segunda fotógrafa una temporada entera de bodas. Durante aquellos meses, como suele ocurrir en la guerra también, creamos un vínculo muy potente. De vez en cuando nos llamamos para criticar nuestras fotos, y también para animarnos cuando la vida del autónomo se nos aturulla en exceso. Así que cuando decidió que quería que yo fotografiase la boda de su hermano en Jaca me entraron unas ganas locas de que llegase la fecha. Había escuchado hablar tanto de su familia que por fin, tenerla toda ante mis ojos y ante mi cámara, me hacía especial ilusión.

Por fin llegó el día en el que David y Ainhoa iban a celebrar su boda en la Catedral de Jaca. Además, no llovió. Ni una sóla gota. Y eso que los días anteriores, todos los pronósticos del tiempo parecían haberse puesto de acuerdo en aguarnos la fiesta. Así que ella, la novia, pudo llegar a la plaza a caballo. Mientras, el novio, vestido con un traje militar que le habían prestado y que no le cerraba bien el pantalón -hay fotos que lo demuestran, pero hoy no las enseñaré-, la esperaba con un whisky recién aterrizado en su estómago para aplacar los nervios.

A partir de ahí, todo ocurrió muy rápido. Dicen que cuando te mueres, ves pasar los mejores momentos de tu vida a cámara lenta, y yo temo que después de haber retratado más de 300 bodas, el día que el corazón deje de latirme, vea los mejores recuerdos de otras vidas que nada tienen que ver con la mía. Pero como no tengo mucho que hacer al respecto, voy a seguir coleccionando besos y abrazos a través de mi cámara.

A lo que iba, todo fue tan divertido que no sé con qué anécdota quedarme, si con la de que al padre del novio le regalaron la espalda de Gladiator y se puso a blandirla en medio del banquete y yo recé -aunque soy ateo- para que no matase a ningún invitado, o con el éxito que tuvo entre las invitadas el cura que los casó y que luego vino al banquete porque era el hermano del novio.

Todo fue un show, pero uno de esos de los que te gusta ser parte porque no se repiten mucho. Como el cometa Halley.

Creo que el vídeo que hicimos en equipo Remy y yo (ella puso la voz y yo la paciencia y las imágenes), demuestra lo especial y fugaz que fue ver a David y a Ainhoa darse el sí quiero. Ojalá disfrutéis de este cometa. Ahora habrá que esperar 75 años más para que veamos otro 😉

 

Boda en las Bodegas de Otazu

En las Bodegas de Otazu se para el tiempo. ¿No os ha pasado nunca que llegáis a un lugar y una parte de vosotros no quiere marcharse nunca? Quizás por eso Cristina y Javier decidieron celebrar su boda en las Bodegas de Otazu. Pero antes de sonreír y festejar, se dieron el “Sí quiero” en el Monasterio de Irantzu. Todo fue muy elegante, sencillo y tremendamente bonito. Como ellos.

Es curioso, cada persona se describe tremendamente bien en actos cotidianos que nada tienen de extraordinarios. Se sabe lo paciente que es alguien, observándole conducir, lo sociable por la manera en la que le habla al camarero, su agilidad, por cómo camina, su carácter por cómo reacciona ante los reveses de la vida. Todo tiene una razón de ser y como bien dice Maruja Torres en uno de sus libros: “Nada es lo que parece y todo es mucho más de lo que parece“.

Muchas veces nos dejamos llevar por el primer impacto y nos olvidamos de olfatear más allá y encontrar la razón de ser. Por ejemplo, si os paráis a ver cómo luce Cristina su vestido por las Bodegas de Otazu en las fotos de boda, la mayoría pensaremos “qué preciosa va con ese vestido tan increíble”, pero pocos seríamos los que investigando, nos enteraríamos de que ese vestido lo ha confeccionado la propia novia con la ayuda de Valenzuela Atelier. Ocho meses les ha llevado crear esta obra de arte.

El amor debería ser como confeccionar un vestido: buscar la tela que mejor se adecúe al tacto de tu piel y a tu cuerpo, evitar que se arrugue, mimarla y guardarla allá donde las humedades no lleguen. Luego, trazar un plan que contenga todos los pros y contras posibles de trabajar con esa tela. Definir la estrategia y empezar a cortar. Todo con amor. Incluso cuando se mete la aguja y se desgarra la tela, que se haga con amor. Y después de muchas puntadas de hilos y botones, todo coge forma y donde sólo veíamos un trozo de tela maltrecha, ahora existe una verdadera historia de amor.

Ojalá aprendamos a coser tan bonito como lo hicieron Cristina y Javier al decirse que sí. Para siempre.

Boda en Hotel Muga de Beloso.

nuestra boda es nuestra

“Nuestra boda es nuestra” podría haber sido el slogan del enlace entre Aner y Leyre. Ellos, amantes de la montaña, el ski, y cualquier deporte relacionado con la naturaleza; decidieron que su día iba a ser exactamente lo que ellos querían: una fiesta.

Aner llegó al Hotel Muga de Beloso en bici con Flay, el perro de ambos, liderando la ruta. Allí, Leyre le esperaba para cambiarse junto a él. No creo que nada pueda salir mal si decides empezar tu gran día con quién más deseas terminarlo.

Después de que las familias cruzaran la habitación del hotel para llenarla de sonrisas al ver a los novios tan radiantes, todos se fueron directamente al lunch.

No hubo ceremonia. Tal cual. Así de valientes fueron Aner y Leyre. Y de divertidos, claro.

Como diría una buena amiga mía: ¿qué necesidad hay de reafirmar el amor de una pareja cuando los implicados en la historia ya lo saben? Pues eso, más besos y menos ceremonias.

Qué es si no una boda que una celebración con la gente que más quieres en tu vida. De eso se trata tu gran día, no de llevar el vestido más bonito, ni de hacerte la manicura o elegir corbata o pajarita. Si no de saber apreciar que al menos en un día de tu vida, vas a tener a menos de 1km a la redonda, a la gente que más te quiere.

¿No es ese el mejor regalo que uno puede tener en el día de su boda?

¡Felicidades Aner y Leyre! Seguid bailando juntos y haciendo de la vida algo único.

nuestra boda es nuestra