La temporada seca de las bodas

Me pasa mucho que la temporada seca – así denomino yo a los meses en los que no hay bodas – se termina pareciendo demasiado a un desierto. Quiero decir, que está muy bien descansar, hacer un maratón de Juego de Tronos, repasar la Biblia – para que el párroco de la Iglesia de San Fermín no me pille desprevenido -, hacer puzzles con mi hija, comerme unos “pocos” garroticos de la Beatriz, tomar el sol en diciembre… Bla, bla, bla.

Sí, sé que está feo quejarse pero es que tengo unas ansias locas por empezar a disparar cada finde semana a unos novios molones. Digamos que es como subirse, durante unos meses, a la montaña rusa más grande del mundo y dejarse llevar por su estado emocional.

Soy adicto a las historias y a día de hoy, creo que una boda es el lugar idóneo para consumir un montón de ellas. La preboda, la barbería, la peluquería, los nervios dilatándose en las pupilas, el maquillaje, el nudo de la corbata, los padres mordiéndose las uñas, el tiempo batiendo records, el chófer más tenso que el bigote de Dalí, los sí quieros, la música emocionando, las sorpresas, el primer baile… Ya vale, que me entran mariposas desbocadas y a ver cómo duermo yo esta noche.

En fin, que ya estoy preparado, como Clint Eastwood en un duelo del oeste, para disparar a todo aquello que me grite: Érase una vez…

Montañas Rusas

Allá por enero, cuando todo el mundo estaba haciendo su repaso del año pasado, nosotros andábamos bastante ocupados comiendo langostinos y bebiendo champán. Ahora que el furor de un nuevo año se ha esfumado, venimos a mostraros una pizca de lo que este 2017 ha sido para nosotros como fotógrafos de boda.

En cada imagen hay una historia y lo que nos gusta de todas ellas es que son distintas y únicas. No vamos a olvidar aquella boda en la que esperábamos ansiosos la salida de los novios y en pocos minutos nos empapamos tanto que no sabíamos si acabábamos de salir de la ducha o de una Iglesia, o cuando mantearon tan alto al novio que rezábamos para nuestros adentros para que no tocara suelo, o cuando una novia dio un discurso tan espontáneo como emotivo y nosotros no sabíamos si llorar o seguir haciendo click…

Porque sí, a veces nos emocionamos y este vídeo es una buena prueba de ello.

Gracias por un 2017 repleto de montañas rusas y vestidos blancos.

No solo bodas.

Pues no. No solo de bodas vive el hombre. O al menos este que escribe. Si, sabemos que nuestro quehacer habitual suelen ser los reportajes de boda. Tanto en video como en fotografía. Pero de vez en cuando nos da por echar una cana al aire. Somos infieles de ciento a viento. Infieles a las bodas, claro. Sustazo que se habrá llevado alguna al leer esto. Una palabra esta, infidelidad, difícil de encajar en una misma frase que contenga la palabra boda. Pero me ha salido así. Tanto Gorka, con su Black Sweet Onion, o lo que es los mismo, su faceta gastronómica como yo con mi faceta publicitaria, no nos negamos a nada. Todo por progresar, por aprender y por no cerramos ninguna puerta. En esta ocasión nos llamaron del Ayuntamiento de Ansoáin. Necesitaban un video para una campaña del comercio local. Dicho y hecho. Manos a la obra. Nuestra forma de trabajar siempre nos lleva al lado humano. El spot había que orientarlo en esa dirección. Buscar cercanía, reconocerse a uno mismo en el comerciante del pueblo. Había poco tiempo. Suficiente si el trabajo se hace con ganas. Y suficiente si además te encuentras con gente dispuesta a colaborar en lo que haga falta. Este video es resultado de dos días de trabajo frenético. Gracias al Ayuntamiento de Ansoáin por depositar su confianza en nosotros. Y os dejo que tengo que ir a la frutería y a la ferretería.

Vitamina D y otras ausencias

En estas fechas, cuando ya llevamos sin una visita digna del Señor Sol más de una semana, conviene recordar que aunque esta estrella nos proporciona a tope de Vitamina D, podemos vivir sin ella y ser felices lo que dura un invierno.

Seguro que ahora estáis mirando expectantes la pantalla, esperando que os diga cuál es la fórmula mágica, pero no os voy a engañar – para eso ya está la teletienda – , lo único que necesitáis saber es que… La lluvia no mata. Uno puede salir a la calle, pasear entre charcos, mojarse los pómulos, y volver a casa VIVO.

En serio, no es una broma, el equipo Pixelart – que ha hecho varias pruebas al respecto en sus trabajos como fotógrafos y videógrafos de boda – coincide con los laboratorios más sofisticados de Branderbugkafsen: “se puede llevar una vida de lo más completa y saludable con lluvia”.

O sea, que tenemos dos opciones: ser felices con la cara mojada como esta pareja risueña que se casó entre chubascos o quejarnos todo el día.

Años Impares

Ahora sabemos una cosa, los números impares nos traen de todo, menos mala suerte. Eso es así y punto.

Estoy pasando por el Facebook y veo que todo el mundo hace su resumen del año. Nosotros nos vamos a guardar la chapa para otro día, cuando ya la efusividad del champán navideño haya perdido su fuerza.

Mientras, hacednos un favor y brindad por la vida, con sus defectos y virtudes. Porque ya que estamos aquí, vamos a bebernos todo el vino que nos pongan en la mesa y a reír aunque sea por no llorar.

Cantad mucho, bailad más – bebed lo justo que las resacas se han vuelto bastante antipáticas –  y sobre todo, cuando estéis rodeados por la familia, tomaros un momento para respirar hondo y alegraros de que momentos así son los que hay que guardarse en la retina. Con sus más y sus menos, con sus cuñados majos y no tanto, con los suegros… Y tal y cual. Porque nadie es perfecto, pero que estén ahí ocupando su sitio en la mesa ya es una alegría de por sí.

Así que nada…

FELIZ 2018.

PD: ¡Comeos las uvas con cuidado que en estas fechas urgencias está a tope!